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La infancia, una de las etapas más hermosa de vida de toda persona, al estar colmada de risas, juegos, fantasía e infinita ternura; transcurrió, para Alfonso y sus hermanos, en un entorno indescriptible, donde las majestuosas palmas arrulladas por la suave brisa daban la bien venida a los ardientes rayos del sol que, irrespetuosamente, irrumpían en la vivienda plena de limitaciones y esforzado sudor; dada la ubicación rural en que estaba, pero, fueron años felices colmados de comprensión y amor donde Alfonso y Adrián trocaban en yuntas de bueyes dos botellas vacías y una caja de cartón era la carreta con las cuales, daban riendas sueltas a su inventiva, transportando la caña hacia el central; mientras Antonia y Josefa utilizaban botellas como muñecas, del maíz que cultivaba el padre para la alimentación familiar y la de los animales, cogían las pelusas como cabelleras y con retacitos las vestían. Por ser el juego la actividad rectora en este mundo de ilusión y fantasía también se recreaban con los juegos infantiles tradicionales, el chucho escondido, los agarrados, el coro, la gallinita ciega, trompos, bolas, quimbumba, papalotes y otros, que hacían las delicias de estos niños campesinos. Otras de las distracciones de estos infantes era, desde el amanecer, perderse en las guardarrayas, en búsqueda de nidos y cuantos animalitos que encontraban al paso. Luego, se dirigían hacia la arboleda cercana y trepaban los árboles para alcanzar la fruta preferida. Al mediodía, se dirigían al arroyuelo próximo a la casa; para darse un chapuzón y refrescarse del cálido verano tropical. Por las noches, no cesaba la actividad, pues, entonces, disfrutaban, cazando cocuyos entre la espesa vegetación, los cuales colocaban en pomos como chismosas. En 1920, Alfonso había cumplido 7 años, era un niño alto y de fuerte constitución y es entonces, cuando ese mundo de constantes juegos se trueca en conocimientos escolares; aprendiendo las primeras letras y números, con el viejo pesador de la colonia, quien, en tiempo muerto, se dedicaba a enseñar con una cartilla, pero, Alfonso y Adrián, por ser los mayores, alternaban el estudio con el trabajo pues ayudaban al padre en las duras labores del campo. 6 Eusebio, como español, al fin, era muy austero; pero, a la vez, fue un padre muy preocupado por el porvenir de sus hijos; es por eso, que en el año 1921, adquirió una modesta vivienda en el poblado de Cruces, para facilitarles su educación; donde el primogénito cursó los grados primero y segundo, en los cuales, sus maestros se sorprendieron por la inteligencia y aplicación, demostradas en las clases por este. Como Eusebio, tenia la gran ilusión que Alfonso fuera médico, en 1923, lo internó en el prestigioso colegio de los Hermanos Maristas, en Cienfuegos, donde permaneció por espacio de cuatro años, hasta concluir el primer año de bachillerato. En esta institución religiosa tuvo como condiscípulo a Osvaldo Dorticós Torrado. 6 y desde entonces, practicó deportes pues hizo suyo el lema: Cuerpo sano en mente sana, integrando los equipos de basket y football de dicho centro, con los cuales participó en diferentes competencias deportivas estudiantiles. En el año 1927, se trasladó al Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara, donde continuó los estudios; mientras que su hermano Adrián, dada la situación económica familiar, desde los 13 años comenzó a trabajar en los chuchos del central San Francisco,(hoy Marta Abreus); Quien, diariamente, viajaba a lomo de mula hasta Cruces para llevarle leche y viandas a la familia. En el curso 1929-1930, Alfonso vio interrumpido sus estudios, producto de una huelga estudiantil indefinida, de carácter nacional contra la tristemente célebre dictadura machadista, la cual culminó con la caída del sangriento régimen. En esta institución educativa Alfonso, se destacó tanto como estudiante y como deportista, pues, sus notas eran de altas calificaciones y formó parte del equipo de baseball del plante, pero, su conciencia juvenil fue capaz de interiorizar las funestas consecuencias del sistema imperante, por lo que tuvo una participación muy activa contra el gobierno de Gerardo Machado. En un arduo bregar, pleno de luchas y esperaza, por un futuro más luminoso, transcurrieron la niñez y adolescencia de uno de los muchos campesinos cubanos de la republica neo-colonial.

Síntesis biográfica Nacido en Ciego de Ávila el 21 de agosto de 1922, niño aún es trasladado por sus padres a esta ciudad. Estudios Comienza sus estudios en el Colegio Episcopal de Ciego de Avila. La necesidad de buscarse la vida honradamente lo llevó a emplearse como mensajero a sus veinte años, al tiempo que exhibe intransigencia ante la injusticia. Labor revolucionaria Según consta en la causa No. 39 del 18 de febrero de 1942, Alfredo Álvarez Mola fue acusado de "falta de respeto" por dos agentes del desgobierno de turno, al rechazar firmemente una humillación. No resultó una casualidad, pues, que frente al golpe de estado del 10 de marzo de 1952 haya estado en contra de aquel acontecimiento. Al repasar su vida revolucionaria, aparece su militancia en el clandestino Movimiento Nacional Revolucionario, en la Juventud Ortodoxa (a la izquierda del Partido al que perteneció Fidel Castro) y, marcadamente, en el Movimiento Revolucionario 26 de julio (MR 26-7). Simultáneamente, se destaca como dirigente en el Sindicato Bancario, donde estuvo trabajando y enfrentó la camarilla de la Central Sindical Amarilla (CTK) (no revolucionaria, oficialista). "En cierta ocasión ― recuerda en una entrevista que se le realizara José L. de la Guardia García, compañero cercano suyo ― los bancarios de La Habana se lanzaron a la huelga y fueron despedidos. Inmediatamente que Alfredo tuvo conocimiento del problema, convocó a los trabajadores de su sector a una huelga en apoyo a los colegas de la capital. Enterados los militares del objetivo, ocupan los bancos y, no obstante, por la insistencia de Alfredo, se logró un paro de un minuto como símbolo de solidaridad". Siendo ya Responsable de Finanzas de la Sección Obrera del Movimiento revolucionario 26 de Julio (MR 26-7) y continuando como dirigente activo de los trabajadores bancarios, encabeza la huelga que los empleados del sector llevaron a cabo el 5 de agosto de 1957, en pro¬testa por el asesinato de Frank Pais. Otro tanto hizo al calor de la Huelga del 9 de abril de 1958, cuando volvió a relucir su tenacidad y entusiasmo. Pasada la fecha, subió a la Comandancia de Fidel, quien le orienta abrir un frente en la Sierra de Cubita. Una vez de regreso a Camagüey ― afirma el propio de la Guardia en la citada entrevista ― le dice a sus compañeros: "No es solo quitar a Batista, sino hacer una verdadera Revolución, como lo soñó José Martí". Fue Coordinador Municipal y Jefe Provincial de Abastos del MR 26-7. Con fundamento, en la causa 502 de 1958, del 12 de julio del mismo año, se le acusa de enviar medicamentos y otros útiles para la guerrilla; mientras que en la investigación que los órganos represivos de la tiranía llevaron a cabo contra los esposos Miranda García, se le reconoce como uno de los principales líderes del movimiento revolucionario en la región. Tras no poder llevar a vía de hechos los propósitos en la Sierra del Norte de Camagüey a causa de un traidor, de nuevo busca el corazón de la lucha para que Fidel decidiera qué otra tarea era necesaria hacer. Entonces, conoció al Comandante Camilo Cienfuegos y se incorpora a la columna No. 2 Antonio Maceo. Recordando esos tiempos, Camilo, en el mencionado discurso, subrayó: "Gracias a él, la columna Antonio Maceo logró llegar hasta el Río San Pedro. Alfredo salió con nosotros desde la misma Sierra Maestra. Diariamente salía a explorar, salía a buscar prácticos, salía a buscar comida, pues era uno de los pocos hombres que conocía la zona". Muerte Una vez en Camagüey, Camilo le ordena marchar hacia Florida y Ciego de Ávila, y garantizar suministros para la columna invasora. Cumplida la misión orientada, intenta reincorporase al Ejército Rebelde, y fue sorprendido y asesinado en la finca de San Miguelito de Najasa, el 5 de noviembre de 1958, cuando solo días faltaban para el Triunfo de la Revolución Cubana

angel del castillo

Rasgos patrióticos que lo caracterizaban si en algún cubano el patriotismo lo determinó sacrificarlo todo en aras de la patria, pocos como el general Ángel del Castillo pueden exhibir tan honroso mérito. Cuando la Guerra de los Diez Años, lo poseía todo. Era inmensamente rico; su familia tenía varios ingenios azucareros y fincas ganaderas.

En 1853, con solo 19 Ángel, embarcó para los Estados Unidos, enviado por su familia, con su hermano Francisco. Fue uno de los primeros cubanos que se dedicó al estudio de la Cirugía Dental. Estudios El 8 de septiembre de 1858, George Scheffer, residente en Hudson No. 256, en Nueva York, le entregó el certificado que se exigía en aquella época y fue el propio Scheffer quien le extendió el diploma acreditativo, no solo de sus estudios, sino también de su práctica diaria durante 13 meses, en el arte dental. De regreso a La Habana El 16 de septiembre embarcó para La Habana con su hermano Martín. Se presentó inmediatamente, el 31 de octubre del propio año, ante las autoridades competentes para hacer valer sus estudios e incorporar los mismos en la Real y Literaria Universidad de La Habana.

El diploma dado por Scheffer se encuentra en el Archivo Nacional, legajo 139, No. 8 285; Ángel del Castillo tuvo varios tropiezos con las autoridades españolas para revalidar su título. El Secretario de Inspección de Estudios en primera instancia, le respondió que no podía darle curso por estar pendiente "una soberana resolución para los que estudiaban en el extranjero, en cualesquiera facultad". El 5 de noviembre del propio año reclamó su título; al parecer se volvió a presentar a fines de 1858, y esa vez le informaron que hacían falta otros documentos de Estados Unidos; por ello, reclamó su título nuevamente el 10 de febrero de 1859; fue entonces cuando apareció perdido o extraviado en las oficinas gubernamentales.

Por este motivo fue necesaria una serie de diligencias y escritos del cónsul general de España en Nueva York, quien, después de una serie de indagaciones, pareció llegar a la conclusión de que el título fue expedido el 18 de octubre de 1855, por el doctor Weescot, del Colegio Dental de Siracusa. Otras etapas importantes de su vida resueltos sus problemas en la capital de la isla, se trasladó para su ciudad natal, donde contrajo matrimonio con Carmen Bages Monteagudo; esta falleció y contrajo segundas nupcias con Ignacia de Quesada, con la que tuvo 5 hijos, algunos de los cuales se distinguieron en la Guerra de Independencia. Participación en las Guerras de Independencia se dice que participó en la Guerra de Secesión de los Estados Unidos. Fue uno de los primeros conspiradores por la independencia política; y con el núcleo de camagüeyanos se incorporó a la Guerra de los Diez Años, el 4 de noviembre de 1868, después de darle la libertad a sus esclavos.

El 27 de noviembre, las fuerzas liberadoras de Camagüey le hicieron frente a la columna española que mandaba el Conde de Valmaseda, en cuya acción Ángel del Castillo y Agramonte hizo el primer disparo de la campaña contra el enemigo. Con 20 hombres asaltó el tren de Nuevitas a Camagüey.

Perteneció a Asamblea de Guáimaro.

A principios de 1869 fue nombrado general.

Atacó el Bagá y tomó parte en el Salado; posteriormente atacó, en más de una ocasión, a San Miguel de Nuevitas.

Se batió en Laguna de Piedra, Monte de Horno, Quinta Canosa, hasta que entró en la ciudad de Camagüey, donde combatió en la Plaza de la Caridad; peleó en Las Mercedes, Sabana Nueva y en otros combates de menor importancia, hasta que fue designado jefe de la Segunda Brigada de Camagüey.

Al ocurrir la muerte del general Honorato del Castillo, vilmente asesinado por el coronel español Portal, lo sustituyó en el mando y se enfrentó en el primer combate a las tropas españolas de Portal, en Pitajones; y a pesar de ser sus fuerzas inferiores, lo derrotó e hizo prisionero, y después de un consejo sumarísimo fue fusilado.

Sobre este hecho, Juárez Cano expresó: "El general Castillo se cubrió de gloria y demostró prácticamente lo que vale en caso de esta índole una infantería bien situada y una tropa de caballería armada de machete en una carga a fondo."

El general del Ejército Libertador, Ángel del Castillo Agramonte, sirvió a Cuba no solo como insurrecto de audaz entrega, sino también, como miembro de la Asamblea de Representantes del Centro y líder de la brigada de Caonao. Él integró la pléyade de los grandes adalides camagüeyanos de la centuria del diecinueve.

Encontró la muerte el 8 de septiembre de 1869, en el poblado de Lázaro López, después de haber arrancado un cañón al enemigo el 13 de agosto.

Se dice que el día del combate en que murió, con su proverbial ausencia de miedo a las balas avanzó hasta subirse en lo alto de una trinchera enemiga y sinceramente emocionado retó a sus adversarios gritándoles “¡Vengan a ver cómo muere un general cubano!;”

Rápidamente, una balacera enemiga le acalló la voz portentosa que daba ánimos a la tropa, y el brazo de muchas batallas bajó inerme, cuando daba jaque al enemigo en el fuerte de “Lázaro López”, en territorio de Ciego de Ávila. Solo así dejó de fustigar aquel mambí llamado por los insurrectos “bravo entre los bravos”.

El general Ángel del Castillo Agramonte inició sus afanes en la gesta emancipadora desde los mismos inicios, cuando entregó la libertad a sus esclavos y llamó a la insurrección en los ingenios suyos y de sus hermanos Martín y Nazario.

Era 19 de mayo de 1947 y la muerte se acercaba con su paso breve —como dijera ese gran avileño, Reynaldo González—, a una casa situada en la calle Maceo No.12, entre Libertad e Independencia, en la ciudad de Ciego de Ávila. Demasiado simbólica tal dirección, de modo que, quien esperaba en ella a la parca había vivido siempre batiendo cual ángel sus dos alas: la de la libertad y la de la independencia, y era mulata como Maceo e igual a él, también había amado a ese precursor que la historia sembró como el Apóstol, el Maestro, luego el Héroe Nacional de un país lleno de héroes. Clotilde Agüero Cepeda, desde su juventud, se vinculó a la gesta independentista Esa tarde, una anciana de 75 años, en la mencionada vivienda de la calle Maceo, no estaba triste porque la muerte llegaría al día siguiente, sino porque en su memoria anclaba esa fecha con cierta nostalgia: un día como ese había caído José Martí y ella recordaba los momentos luminosos en los que aquel soñador visitaba su casa, entonces en Veracruz, México, y hablaba de Cuba, la Patria lejana, en un tono, a veces, de chelo en la menor y otras como una corneta llamando al combate. Recordaba a Martí, vestido de negro, en pura complicidad con sus ojos pequeños y profundos, pedirle que confeccionara 50 escarapelas y una Bandera cubana que luego se convirtió en ícono cuando fue izada en el teatro Principal de Veracruz, a solo unos días de la caída en Dos Ríos del Delegado del Partido Revolucionario Cubano. Esa noche —recuerda la anciana con la nitidez de una fotografía— la solemnidad colmó la sala cuando varios patriotas cubanos y mexicanos tomaron la bandera que ella había cosido para Martí, y mientras se escuchaban los acordes del himno México y Cuba, compuesto expresamente para la ocasión por el azteca Pedro Ojeda, la envolvieron con la enseña mexicana y se la enviaron a Máximo Gómez, quien la usó durante toda la Invasión a Occidente. La noche del 19 de mayo, la muerte ya estaba junto a su lecho, pero ella seguía pensando en aquel Martí que había conocido en el exilio; en el que era capaz de convertir los desengaños en nuevas ilusiones; en Gómez con sus cargas al machete, cabalgando en la primera línea con la bandera que ella había cosido. ¡¿Cuántos cubanos de los que cayeron en el campo de batalla no llevarían las escarapelas bordadas con sus manos mágicas y juveniles en su casa de Veracruz?! Dicen que cuando uno va a morir ve su vida pasar como si fuera un filme. Eso fue lo que le ocurrió a ella, que unas horas antes vio los fonogramas de su existencia y unas lágrimas rodaron hasta la almohada, pero ninguno de los que la acompañaban supo que cada lágrima pertenecía a una etapa de su fecunda vida. Por su mente pasaron raudas las imágenes de su natal Caibarién, México, La Habana, Placetas, Jatibonico, Colorado, Céspedes, Majagua y, por último, de Ciego de Ávila, porque fueron lugares en los cuales dejó su impronta como maestra, sitios que conformaron la geografía de su mapa existencial y sentimental. También recordó los honores que alguna vez le habían rendido por su patriotismo y consagrada labor magisterial, la Orden Nacional de Mérito Carlos Manuel de Céspedes... y hubo un momento en que le dio envidia a la propia muerte. Había llegado la medianoche. La anciana disfrutaba de sus últimos recuerdos. La cinta fílmica que pasaba por su mente se detuvo en Ciego de Ávila. Veintitrés años de vida en esta ciudad apenas fueron un destello en su subconsciente, pero enceguecedor del que surgieron raíces que la hicieron avileña para todos los tiempos. La medianoche iba a escurrirse entre las paredes de su morada, pero esa iba a ser la hora precisa de su muerte y ella no podía permitir se le escapara, de manera que, antes de que el reloj marcara la 1:00 de la madrugada, el corazón de Clotilde Agüero Cepeda dejó de latir. Comparte este artículo

Enrique Olivera: “Símbolo de la Construcción del Socialismo en Ciego de Avila”. Vicana, bello caserío, aproximadamente constituido por sesenta casas en su gran mayoría de yagua y guano, con cuatro tiendas, algunas de ellas mixtas, una escuela pública y una panadería, bordeado de montañas, abundantes palmares, acariciados por cálidos rayos solares y apaciguados por la brisa tropical, perteneciente entonces, al central Media Luna (hoy Juan Manuel Márquez) en la región de Manzanillo, provincia de Oriente, actualmente Granma, vio la luz Enrique Agapito Olivera, en marzo de 1905, el día 24, solo tuvo un hermano dos años mayor, Juan Bautista y sus padres se nombraron Isabel Olivera Viltres, de origen aborigen y Magin Araujo, descendiente de esclavos. En un hogar humildísimo transcurrió la infancia de ambos hermanos, madre, aunque iletrada, lavando y planchando para la vecindad, garantizaba el alimento diario. Pura Núñez, maestra de la escuela pública enseñó a Enrique a leer y escribir en poco tiempo, dadas su aplicación e inteligencia. Isabel llevò un taburete porque no había suficientes asientos. Con apenas 11 años, los dos hermanos comenzaron a trabajar cómo narigoneros en una finca. Después repartieron pan y leche de una finca a otra y trabajaron como carreteros también. En 1923, Enrique es un joven de 18 años, de fuerte constitución, serio, formal y trabajador, le gustaban las fiestas y bailar, así como montar a caballo. Es entonces que conoció a Lioba Azuaya Tamayo, quinceañera, de piel clara, cabellera lacia y larga, de color castaño oscuro. Desde que se conocieron recíprocamente quedaron prendados, surgiendo un bello ilidio, el cual duró 72 años de perfecta unión matrimonial. Viviendo en una zona rural apartada, nació su primera hija, en agosto de 1926. Al año siguiente nació otra menor, quienes fallecieron en los primeros años de vida, por falta de atención médica. Después, nacieron en julio de 1958 Celia Acacia –chelo- en agosto de 1928 Sara Irma, en agosto de 1930 Manuel Enrique, en febrero del 33, Elba Luisa y en enero del 35 Ana Mirta. Entonces Olivera se desempeñaba como mayoral, pero ya comprendió la necesidad de la lucha de clases y del por qué de las demandas proletarias. En diciembre de 1935 naciò el benjamín Juan Héctor Enrique Olivera, quien conocía el funcionamiento del capitalismo por materiales políticas llegados a sus manos y por los saldos de dolor y luto legados por Machado al suelo cubano, el 20 de noviembre de 1940 formó parte de una célula del Partido Unión Revolucionaria Comunista, en la colonia “El Porvenir”, planteando a los doce militantes reunidos allí, sus deseos, primero, entregar la tierra a los campesinos, después de producirse el cambio deseado y segundo, visitar a Rusia. Todos estuvieron de acuerdo y èl se sintió muy complacido y feliz. Como miembro partidista, plenamente cumplió con sus deberes y misiones asignadas, fue encarcelado en dieciocho ocasiones, pasó necesidad y privaciones con su esposa e hijos, pues muchas veces no le daban trabajo por ser comunista y Lioba mantuvo el hogar, cosiendo para la calle, con ayuda de sus hijas. Una de las veces que salió de la cárcel -agosto de 1941- un combatiente lo llevò a dormir a una casa santiaguera y al aparecer las primeras luces del día, vio una tarja, en la cual leyó: En esta casa nació el general Antonio Maceo y Grajales. A partir de este momento juró luchar para obtener la libertad de la tierra donde habìa nacido, aun a costa de su propia vida. Fue dirigente sindical de los azucareros y los agropecuarios tambièn. Cuando contaba 51 años, por orientación de la Direcciòn Nacional del Partido Socialista Popular, llegó hasta la Sierra Maestra, intercambió con Fidel, el 5 de mayo de 1958, analizaron un documento, el cual debía devolver a la capital: Poco después, se le ordenó integrarse a la lucha en la Sierra Maestra, incorporándose al Ejército Rebelde el 25 de marzo de ese año, como miembro de la Columna No. 1 José Martì, comandada por Fidel, pero dada su experiencia con los campesinos, fue nombrado Secretario de la Auditoria General del Ejercito Rebelde, relacionándose directamente con éstos. En la segunda quincena de mayo y por orientación del máximo líder, dada la posibilidad de perderse la cosecha del café, se celebró una reuniòn con 600 cafetaleros, donde se encontraban Fidel, el Che y Celia, entre otros. Allí se acordó organizarlos y Fidel planteó, que si era necesario se movilizarían a los soldados rebeldes para dicha recogida. Esta reunión fue el preámbulo del Primer Congreso Campesinos, celebrado el 15 de noviembre, en el Tercer Frente, bajo la conducción de Raúl Castro. En septiembre se incorporó a la lucha armada, participando en varias acciones y combates: Batalla de Bueycito, Guisa, (donde Fidel lo ascendió al grado de Primer Teniente), toma de Jiguani, batalla de Contramaestre, Palma Soriano y la toma de Santiago de Cuba. Tras la clarinada del Primero de Enero de 1959, en el Archipiélago Cubano, tuvieron lugar las màs profundas transformaciones socio-políticas-económicas en la historia del país y el 17 de mayo de ese año, Olivera realizó uno de sus sueños, cuando Fidel le entregó al campesinado los títulos de propiedad de sus tierras. En agosto del Año de la Liberación, fue designado segundo jefe de la Zona de Desarrollo Agrario 0-26, radicada en Bayamo; en mayo del 60 es nombrado jefe de la Zona C-20 Florida-Camaguey y en los días finales de agosto de ese año, llegó al territorio avileño, como delegado de la Zona C-19, sita en Máximo Gómez esquina Pasaje y la labor desempeñada en el sector de la Agricultura son dignas de elogiar, pues entregó títulos de propiedad de fincas y viviendas al campesinado, realizó Jornadas Científicas-Técnicas sobre derechos agrarios, profundamente trabajó con todas las organizaciones políticas y de masas, resolviendo las situaciones, de quienes se vincularon con èl. En octubre de 1968, al regresar de un viaje de estimulo por cinco países socialistas, donde se trocó la realidad su segundo deseo, arbitrariamente fue destituido de su cargo de director del INRA, pero no se amilanó, ni reclamó, sencillamente participó en movilizaciones diarias agrícolas en un Batallón Rojo, al opinar que a la Revolución se le servia de cualquier manera. Raúl Curbelo Morales, Primer Secretario del PCC en la provincia camagüeyana, encomendó al Teniente Olivera la creación del Plan Especial Coronel Marcial de Jesús Gómez Cardoso, el cual consistía en el cultivo de frutas menores con los pequeños agricultores y radicó en Mamonal, donde venció innumerables obstáculos, pero trasformó la zona y durante los años 74, 75 y 76 se logró cosechas record, màs de 165000 quintales de tomate y aproximadamente 90000 de fruta bomba.  Fue fundador de la Asociación de Combatientes de la Revoluciòn.  Presidente de la Sociedad de Amistad Cubana-Soviética  Fundador de los Órganos Locales del Poder Popular como delegado de su circunscripción por más de veinte años y diputado a la Asamblea Nacional.  Miembro del Comité Provincial del Partido  Participó como delegado en el Primer Congreso del PCC (1975) y en el segundo (1980), así como invitado en el tercero (1985) El suelo avileño lo acogió como hijo propio y el 7 de diciembre de 1996, le entregó la distinción Hijo Adoptivo de la Ciudad de Ciego de Avila. Olivera era extremadamente disciplinado y exigente, pero a la vez delicado para llamarle la atención a sus subordinados, muy paciente para escuchar y encontrar la solución más justa. El Teniente del Pueblo, se entregó incondicionalmente al socialismo, porque trabajó honrando a la Patria, al creer en la Revolución y con su ejemplar actuación la enriqueció. Físicamente desapareció el 27 de junio de 1998, pero los avileños tuvimos el privilegio de contar más de cuarenta años con un hombre, quien dedicó su vida al pueblo y a la Revolución y vivirá eternamente en las generaciones presentes y futuros de cubanas y cubanos. Enrique Agapito Olivera, poseedor de cualidades excepcionales, reflejados en su incansable actuar en la solución de los problemas, ya de índole político, económico o social, enemigo de lo mal hecho, con un don especial para movilizar, convencer y exhortar a las masas para el cumplimiento de cualquier tarea, nato orientador político ideológico, sin tener en cuenta credo ni afiliación política, quien sabia valorar los imprevistos y comportarse de acuerdo a las circunstancias con confianza plena y respaldo al partido. Es hoy el símbolo de la construcciòn del socialismo en la provincia de Ciego de Avila. Revolución, citó Fidel Castro: ….. es defensa de valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio, es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad, heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo. Es no mentir jamás, ni violar principios éticos. Es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y de las ideas. Revoluciòn es unidad

nacimiento Nació el 13 de septiembre de 1914 en Escobar, antiguo barrio de Bellamota, finca “La Rosita”, en Sancti Spíritus, provincia de Las Villas. Fueron sus padres: Faustino Fernández Pérez (natural de Ferral, provincia La Coruña, España). Vino a Cuba a los 20 años y se casó con Josefa Ruiz Castillo, cubana, natural de la finca Blanquizal en Bellamota. De su matrimonio nacieron 12 hijos: 6 hembras y 6 varones. Eulogio fue el 3ro de los varones. Estudios primarios Sus estudios primarios fueron en una escuela de campo en el barrio de Bellamota, hasta 5to grado. Vida laboral Se incorpora después al trabajo agrícola en una finquita propiedad de su padre. A los 18 se traslada a Morón, yendo a vivir en la finca La Yamaguita, propiedad del cuñado Adriano García; por 2 años estuvo allí. En 1943 pasó a trabajar al Central Patria (hoy Central Patria Libre) en la casa de caldera, por 2 años, en 1945 pasó a trabajar al Central Máximo Gómez en Violeta (hoy Primero de Enero) de lo mismo, hasta 1947 que vino a Morón para gestionar trabajo en los ferrocarriles Norte de Cuba; allí lo aceptaron de retranquero. Se destacó como un obrero disciplinado, buen compañero y en extremo cariñoso y afable. En seguida se asocia al Sindicato Obrero Ferroviario La Unión. Asiste a asambleas, apoya en primera línea los movimientos de protestas y huelgas contra la patronal oponiéndose a los dirigentes mujalistas impuestos a los trabajadores. Por ese tiempo se une a Enma Companioni y abren una bodeguita en la calle Margarita para poder aliviar la situación económica. Contacta con compañeros que se oponen a la tiranía y comienza hacer sus primeras actividades en tareas revolucionarias. Bajo las órdenes de Noelio Morell ingresó al Movimiento 26 de Julio como miembro de la Célula de Talleres Ferroviarios. Vende bonos, distribuye propaganda y participa en diversas acciones con coraje y valentía, junto a Jesús Fernández Jefe de acción y sabotaje de la Célula de Talleres Ferroviarios. Muerte El 17 de junio de 1957 el Movimiento 26 de Julio coordina para por la noche, hacer una acción de sabotaje, tumbando el fluido eléctrico completo en la ciudad. Eulogio y Jesús fueron hasta la finca Nereida en la camioneta de Tomás Alonso Méndez (Chile). Había llovido y Eulogio cortaba el poste y Jesús los tirantes, el poste cae sin haberse Eulogio retirado y los cables caen sobre él, levantándolo en peso y luego tirándolo sin vida. Su sepelio constituyó una gran demostración de duelo en el pueblo y en los revolucionarios. A los 21 días de su muerte el movimiento le puso una bandera del Movimiento 26 de Julio y un cojín en su tumba y las mujeres vistieron de negro y rojo frente a los Springfield de los esbirros.

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